
PSICÓLOGA Y PSICOANALISTA

Centrado en pacientes que:
• Quieren comprender los conflictos, repeticiones y motivaciones inconscientes que desde la infancia han dado forma a su historia.
• Están en un momento de pérdida, transición o incertidumbre.
• Buscan una transformación profunda y sostenida.
Alicia Esquivel cuenta con 18 años de experiencia como psicóloga y psicoanalista. A lo largo de su trayectoria ha profundizado en el estudio de la teoría y técnica psicoanalítica, así como en diversas herramientas de autoconocimiento, para acompañar procesos terapéuticos.
• Licenciada en Psicología
• Especialidad en Psicoanálisis
• Maestría en Prevención de Violencia.
A través de una escucha analítica, sensible y precisa, permite detectar sentido, patrones inadvertidos y abrir un espacio donde cada persona puede comprenderse mejor, transformando aquello que limita su vida cotidiana.


El paciente podrá:
• Dejar de repetir patrones que generan dolor, frustración y fortalecer autonomía para enfrentar y manejar las adversidades futuras.
• Fortalecer habilidades emocionales y relacionales, como poner límites, tomar decisiones, comunicarse con mayor claridad sin dejar de reconocer sus propias necesidades.
• Tener un espacio seguro, confidencial y profesional donde pueda hablar libremente y ser escuchado.

• No solo busca aliviar síntomas, sino comprender el origen de los conflictos internos, las repeticiones y las maneras en que nos defendemos del dolor psíquico.
• En el análisis, el objetivo no es “corregir” comportamientos, sino abrir un espacio donde puedas hablar libremente y escuchar lo que dice tu inconsciente: ese recorrido permite transformar la relación contigo mismo, con tus afectos y con tu deseo.
• El análisis posibilita descubrir modos singulares de vivir, desear y relacionarte, no para adaptarte a expectativas externas, sino para que puedas habitar tu propia voz, tiempos y tu manera de estar en el mundo.

• Misma eficacia que la modalidad presencial, utilizando herramientas digitales que facilitan el intercambio fluido y un acompañamiento cercano y comprometido.
• Desde cualquier lugar encontrarás soluciones duraderas sin importar tu ubicación. La modalidad en línea permite ahorrar tiempo en traslados y ofrece horarios más flexibles, adaptándose mejor a tu rutina diaria.
• Seguimiento sin interrupciones: Permite continuar con el tratamiento incluso si te encuentras en otra ciudad o país, garantizando la continuidad del proceso terapéutico.

• Aprender a escuchar las emociones, deseos y necesidades del otro con respeto.
• Identificar patrones de comportamiento que dañan la relación y establecer acuerdos.
• Reconocer que el apego es inevitable pero que se puede transitar de la dependencia emocional a la libertad con responsabilidad.
• Identificar la sombra del rechazo, abandono o cualquier carga familiar y comprometerse a trabajar en si mismo para crear nuevas formas de relacionarse.
• Construir un espacio de diálogo donde ambos puedan expresar vulnerabilidades sin miedo, favoreciendo una comunicación más honesta, madura y orientada a comprender al otro en lugar de reaccionar desde la defensa o la herida.

• Acompañar con claridad y sensibilidad los momentos difíciles, comprendiendo las conductas que desconciertan, cambios de etapa, separaciones, o tensiones cotidianas.
• Diferenciar las necesidades reales del niño de las proyecciones, miedos o culpas del adulto, reconociendo cómo la propia historia influye en el modo de criar y abriendo la posibilidad de establecer límites, expectativas y formas de comunicación más abiertas, menos reactivas y más respetuosas.
• Construir criterios propios para la crianza, capaces de sostener la frustración, el enojo o la tristeza del niño sin apresurarse a corregirlas, favoreciendo vínculos más cercanos, una escucha emocional más fina y decisiones menos basadas en presiones externas.
• Dejar de repetir patrones que generan dolor, frustración y fortalecer autonomía para enfrentar y manejar las adversidades futuras.
• Fortalecer habilidades emocionales y relacionales, como poner límites, tomar decisiones, comunicarse con mayor claridad sin dejar de reconocer sus propias necesidades.
• Tener un espacio seguro, confidencial y profesional donde pueda hablar libremente y ser escuchado.
• No solo busca aliviar síntomas, sino comprender el origen de los conflictos internos, las repeticiones y las maneras en que nos defendemos del dolor psíquico.
• En el análisis, el objetivo no es “corregir” comportamientos, sino abrir un espacio donde puedas hablar libremente y escuchar lo que dice tu inconsciente: ese recorrido permite transformar la relación contigo mismo, con tus afectos y con tu deseo.
• El análisis posibilita descubrir modos singulares de vivir, desear y relacionarte, no para adaptarte a expectativas externas, sino para que puedas habitar tu propia voz, tiempos y tu manera de estar en el mundo.
• Misma eficacia que la modalidad presencial, utilizando herramientas digitales que facilitan el intercambio fluido y un acompañamiento cercano y comprometido.
• Desde cualquier lugar encontrarás soluciones duraderas sin importar tu ubicación. La modalidad en línea permite ahorrar tiempo en traslados y ofrece horarios más flexibles, adaptándose mejor a tu rutina diaria.
• Seguimiento sin interrupciones: Permite continuar con el tratamiento incluso si te encuentras en otra ciudad o país, garantizando la continuidad del proceso terapéutico.
• Aprender a escuchar las emociones, deseos y necesidades del otro con respeto.
• Identificar patrones de comportamiento que dañan la relación y establecer acuerdos.
• Reconocer que el apego es inevitable pero que se puede transitar de la dependencia emocional a la libertad con responsabilidad.
• Identificar la sombra del rechazo, abandono o cualquier carga familiar y comprometerse a trabajar en si mismo para crear nuevas formas de relacionarse.
• Construir un espacio de diálogo donde ambos puedan expresar vulnerabilidades sin miedo, favoreciendo una comunicación más honesta, madura y orientada a comprender al otro en lugar de reaccionar desde la defensa o la herida.
• Acompañar con claridad y sensibilidad los momentos difíciles, comprendiendo las conductas que desconciertan, cambios de etapa, separaciones, o tensiones cotidianas.
• Diferenciar las necesidades reales del niño de las proyecciones, miedos o culpas del adulto, reconociendo cómo la propia historia influye en el modo de criar y abriendo la posibilidad de establecer límites, expectativas y formas de comunicación más abiertas, menos reactivas y más respetuosas.
• Construir criterios propios para la crianza, capaces de sostener la frustración, el enojo o la tristeza del niño sin apresurarse a corregirlas, favoreciendo vínculos más cercanos, una escucha emocional más fina y decisiones menos basadas en presiones externas.
Si algo en tu vida te genera malestar, conflicto, repetición o sufrimiento, y sientes que ya no basta con pensarlo a solas o hablarlo con personas cercanas, la terapia puede ser un espacio para comprender lo que te ocurre y encontrar nuevas formas de estar contigo y con los demás.
No. Muchas personas acuden a terapia por dudas, incomodidades, momentos de cambio o simplemente por el deseo de conocerse mejor.
No necesariamente. También puede ser un espacio de reflexión, elaboración y crecimiento personal, incluso cuando no hay una crisis evidente.
Cualquier situación, pensamiento, emoción o experiencia que te genere inquietud, malestar o preguntas. No hay temas correctos o incorrectos para trabajar en terapia.
En la primera sesión se abre un espacio para escucharte y comenzar a comprender aquello que hoy te causa malestar. No es necesario llegar con ideas claras ni saber qué decir. Lo importante es que puedas hablar con libertad. A partir de la palabra, se empieza a dar forma a lo que te ocurre y a aquello que se repite en tu vida, en un espacio profesional y sin juicios. El terapeuta acompaña este recorrido, sosteniendo un espacio donde puedas empezar a aliviar tu conflicto, y encontrar modos más sanos de vivir lo que hoy te afecta.
La psicoterapia suele enfocarse en aliviar síntomas o dificultades concretas. El psicoanálisis, además, busca comprender los procesos inconscientes que sostienen ese malestar, trabajando de manera más profunda sobre la historia, los vínculos y la subjetividad de cada persona.
No. La consulta psiquiátrica no implica mayor gravedad. En algunos momentos, los medicamentos pueden ayudar a estabilizar síntomas para que el trabajo terapéutico pueda realizarse con mayor sostén. Psicoterapia y psiquiatría pueden articularse de manera cuidadosa y respetuosa, según cada persona y momento.
No hay un número fijo. Cada proceso es singular. Algunas personas acuden por un motivo puntual y otras eligen un trabajo más prolongado. La duración se va construyendo a lo largo del proceso terapéutico.
Cada sesión dura aproximadamente 50 minutos. Se recomienda una frecuencia semanal, ya que la continuidad permite sostener el proceso, dar lugar a lo que va emergiendo y trabajar con mayor profundidad y eficacia.
Un buen tratamiento es aquel en el que te sientes escuchado/a, respetado/a y donde puedes hablar con libertad. Con el tiempo, también se refleja en una mayor comprensión de ti mismo/a y de lo que te ocurre.
Sí. La confidencialidad es un principio fundamental del trabajo terapéutico. Todo lo que se dice en sesión permanece resguardado, salvo excepciones muy específicas previstas por la ley.
No. Los psicólogos no prescriben medicamentos. En caso de que se considere necesario un apoyo farmacológico, se sugiere la valoración con un psiquiatra, pudiendo trabajarse de manera complementaria.
La terapia no promete una cura en el sentido médico. Su objetivo es que puedas comprender tu malestar, transformar tu relación con él y ampliar tus recursos psíquicos para vivir con mayor libertad y responsabilidad sobre tu propia vida.

En la crianza contemporánea suele pensarse que amar a un hijo es no frustrarlo, no decirle que no, dejarlo ser. Bajo esta lógica, la permisividad aparece como sinónimo de cuidado y respeto. Sin embargo, desde la experiencia clínica sabemos que no todo lo permitido es vivido como amor, ni toda ausencia de límites es interpretada como libertad, tal como plantea Knobel:
“La excesiva permisividad, es vivida por el niño como una falta de atención, y puede significar en realidad, una verdadera despreocupación por parte de los padres; mientras que un exceso de autoridad, cierta desmesura a la hora de enseñar ciertas reglas, puede ocasionar graves patologías y ser también un modo encubierto de maltrato e intimidación de los padres respecto a sus hijos: Camila tiene problemas en el colegio, la tutora del curso se ocupó de averiguar lo que le pasaba, nunca traía los deberes hechos, parecía no prestar atención en clase, estar siempre en la luna; al hablar con sus padres estos comentaron que nunca le preguntaron si tenía deberes o no, tampoco sabían que horarios hacía su hija y no se preocupaban por sus actividades ni amigos. El caso de Camila como el de muchos niños nos permite pensar que su fracaso escolar no era más que un pedido de auxilio, una llamada de socorro para que alguien, algún adulto responsable, se ocupe de ella y de su falta de límites.”
Esta cita pone de relieve un punto fundamental: los límites no son meras normas de convivencia, sino una forma de presencia. Para un niño, que nadie pregunte, que nadie supervise, que nadie se interese por su rutina, puede vivirse como una señal clara de abandono, incluso cuando no exista una intención consciente de descuido por parte de los padres.
El caso de Camila ilustra cómo ciertos síntomas —el fracaso escolar, la distracción constante, la falta de compromiso— no siempre hablan de desinterés o incapacidad, sino de un mensaje dirigido al Otro. Cuando el adulto no ocupa su lugar, el niño puede hacerlo a través del síntoma. No traer los deberes, “estar en la luna”, no responder a las exigencias escolares, puede convertirse en una manera de decir: mírenme, ocúpense, pónganme un límite.
Ahora bien, el extremo opuesto tampoco está exento de consecuencias. Un exceso de autoridad, reglas rígidas impuestas sin escucha ni flexibilidad, puede producir efectos igualmente nocivos. Cuando la norma se vuelve desmesurada, cuando la autoridad se ejerce desde la intimidación o el control absoluto, el límite deja de ser organizador y se transforma en violencia encubierta.
Entre la permisividad absoluta y la autoridad excesiva, se juega una cuestión central: la función del adulto como referencia. Educar no es ni desentenderse ni someter, sino sostener una presencia que cuide, que delimite y que, al mismo tiempo, reconozca la singularidad del niño.
Escuchar los síntomas infantiles implica no reducirlos a problemas de conducta o rendimiento, sino interrogarlos como posibles pedidos de auxilio. Allí donde un niño falla, muchas veces lo que falta no es capacidad, sino un adulto que asuma la responsabilidad de marcar un camino, de poner palabras y de ofrecer límites que no aplasten, pero tampoco abandonen.
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Referencias:
El psicoanálisis con Adolescentes. Joseph Knobel Freud.
Imagen: Canva
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En la primera sesión se abre un espacio para escuchar tu historia, tus síntomas y aquello que hoy te causa malestar. Más que identificar un motivo de consulta como algo fijo, se comienza a comprender lo que te inquieta y lo que se repite en tu vida. Es normal no saber qué decir al inicio. Lo importante es que puedas hablar con libertad. En terapia, la palabra permite ordenar lo que te pasa y descubrir aspectos que quizá no habías considerado. El trabajo de un terapeuta es ofrecer un espacio profesional de confianza para que puedas expresarte sin juicios. Aunque el enfoque es profundo y orientado a la raíz del malestar, este proceso también busca generar cambios concretos y soluciones sostenibles en tu vida diaria: decisiones más claras, alivio emocional y nuevas formas de relacionarte contigo y con los demás. El terapeuta acompaña este recorrido, sosteniendo un espacio donde puedas comprenderte mejor, aliviar tu conflicto, y encontrar modos
más sanos de vivir lo que hoy te afecta.



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