
LA DEPRESIÓN, PATOLOGÍA DE LA INSUFICIENCIA
La depresión no se reduce a un estado de ánimo ni a una falla individual. Lo que la vuelve tan particular —y tan difícil de soportar— es que toca el núcleo mismo de la relación con la vida. No se trata solo de estar triste o cansado, sino de experimentar una detención del impulso vital: el tiempo se aplana, el porvenir se borra y el cuerpo ya no responde al llamado de la acción. Como señala Ehrenberg:
Lo que la depresión tiene de particular es que indica la impotencia misma de vivir; que se expresa por la tristeza, la astenia (la fatiga), la inhibición, o esa misma dificultad de iniciar la acción que los psiquiatras llaman disminución psicomotriz. El deprimido, devorado por un tiempo sin futuro, se encuentra sin energía, enredado en un ‘nada es posible’. Fatigados y vacíos, agitados y violentos, en suma, nerviosos, medimos en nuestros cuerpos el peso de la soberanía individual.
La sociedad exige al sujeto iniciativa y aptitudes por encima de él mismo, pero no es una cuestión de voluntad: no es que “no quiera”, sino que no puede. En ese estado, el tiempo pierde su orientación. El presente se vuelve pesado, repetitivo, cerrado sobre sí mismo. Todo proyecto parece anticipadamente fallido y el esfuerzo requerido para cualquier acción resulta desproporcionado.
Este padecimiento no se produce en el vacío. Vivimos en una época que coloca sobre el individuo la responsabilidad casi total de su destino. La exigencia de autosuficiencia, rendimiento y control permanente transforma la promesa de libertad en una carga silenciosa que, cuando se vuelve imposible de sostener, encuentra en el cuerpo su vía de expresión.
Desde el psicoanálisis, la depresión no se piensa únicamente como algo a suprimir, sino como un modo en que el sufrimiento se manifiesta cuando el deseo queda detenido y la palabra empobrecida. El trabajo analítico no busca forzar la acción ni acelerar el alivio, sino abrir un espacio donde ese tiempo sin futuro pueda ponerse en palabras, permitiendo que algo de lo vivo vuelva, poco a poco, a ponerse en movimiento.
Referencia:
Alain Ehrenberg.
La fatiga de ser uno mismo.
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