Mujer con su hijo

LA MADRE EN LA VIDA PSÍQUICA DEL HIJO: UNA LECTURA DESDE EL PSICOANÁLISIS

March 24, 20264 min read

Desde el psicoanálisis, la madre ocupa un lugar decisivo en la constitución subjetiva del hijo. Su importancia apunta al cuidado concreto y a la función que sostiene en los primeros tiempos de la vida: recibir al niño, responder a sus necesidades, darle un lugar en el lenguaje y mediar sus primeras experiencias de satisfacción: ausencia, espera y vínculo. Freud situó tempranamente la relevancia de los primeros objetos de amor en la organización de la vida psíquica y en la orientación posterior del deseo.

En los primeros años, la relación con la madre organiza de manera profunda la experiencia emocional del niño. La forma en que esa figura acoge, interpreta y responde participa en la constitución de una vivencia básica de seguridad, continuidad y confianza. Winnicott desarrolló esta idea al subrayar la importancia de una presencia materna suficientemente estable y sensible para favorecer la integración psíquica del niño y su tránsito desde una dependencia inicial hacia formas graduales de diferenciación y autonomía (Winnicott, 1953).

A medida que el hijo crece, la madre deja de ser solamente una presencia inmediata y comienza a inscribirse también como una figura interna. Esa inscripción influye en la manera en que el sujeto imagina el amor, espera la respuesta del otro, tolera la frustración y tramita la cercanía o la distancia afectiva. En esta línea, la teoría del apego, derivada en parte del campo psicoanalítico, mostró que la calidad de los vínculos tempranos con las figuras de apego se relaciona con patrones posteriores de regulación emocional, confianza interpersonal y formas de vinculación en etapas ulteriores del desarrollo.

Durante la infancia y la adolescencia, la imagen de la madre también se transforma. El hijo empieza a reconocerla como un sujeto separado, con deseos propios, límites, contradicciones y faltas. Ese pasaje tiene un valor estructurante, porque permite elaborar la ambivalencia propia de los vínculos fundamentales: amor, dependencia, enojo, identificación, rivalidad, reclamo y distancia. La posibilidad de reconocer a la madre como una figura diferenciada abre un espacio para la construcción del propio deseo y para una necesaria separación psíquica.

En la vida adulta, muchas modalidades de relación conservan huellas de esas experiencias tempranas. La manera en que alguien vive la intimidad, el abandono, la demanda, el cuidado o la pérdida suele articularse con representaciones internas formadas en los vínculos primarios. La investigación contemporánea ha encontrado asociaciones consistentes entre la seguridad del apego con los padres y la calidad de las relaciones interpersonales posteriores, incluidas las amistades, las relaciones de pareja y la capacidad de sostener cercanía emocional sin vivenciarla como amenaza.

Además, el modo en que la madre puede pensar al hijo como un sujeto con estados internos propios también tiene efectos importantes. La literatura sobre función reflexiva parental y mentalización ha mostrado que la capacidad parental de comprender la conducta del niño en relación con sus emociones, intenciones y experiencias internas favorece vínculos más sensibles y seguros, así como mejores condiciones para la regulación emocional y el desarrollo socioafectivo del hijo.

Por ello, desde una perspectiva clínica, la madre tiene un lugar central en la organización del mundo afectivo del hijo y en sus modos de relación con los otros. Su presencia, su disponibilidad, sus palabras, sus silencios, su manera de responder o de no responder, así como el modo en que fue vivida y simbolizada, participan en la construcción de la vida amorosa y vincular. En muchos casos, los conflictos en las relaciones actuales remiten menos a la madre real del presente que a la forma en que ese vínculo quedó inscrito en la historia psíquica del sujeto.

Pensar la función materna desde el psicoanálisis permite entonces comprender que las relaciones humanas no se juegan solo en el aquí y ahora, sino también en la trama de experiencias tempranas que dejaron marcas en la manera de amar, esperar, pedir, temer, acercarse o alejarse. La madre, en tanto primera figura de vínculo, ocupa un lugar fundamental en esa trama y en la manera singular en que cada hijo construye su posición frente al deseo y frente a los otros.


Referencias

Freud, S. (1953). Tres ensayos de teoría sexual. En J. Strachey (Ed. y Trad.), La edición estándar de las obras psicológicas completas de Sigmund Freud (Vol. 7, pp. 125–243). Hogarth Press. (Trabajo original publicado en 1905).

Winnicott, D. W. (1953). Objetos transicionales y fenómenos transicionales. International Journal of Psycho-Analysis, 34, 89–97.

Bowlby, J. (1982). Apego y pérdida. Vol. 1: El apego (2.ª ed.). Basic Books. (Trabajo original publicado en 1969).

Kalland, M. (2023). Editorial: mentalización parental, nuevas fronteras. Frontiers in Psychology, 14, 1189994.

Ordway, M. R., Sadler, L. S., Dixon, J., Close, N., Mayes, L. C., y Slade, A. (2015). Funcionamiento reflexivo parental: un enfoque para fortalecer las relaciones entre padres e hijos en la atención pediátrica primaria. Journal of Pediatric Health Care, 29(4), 325–334.

Stuhrmann, L. Y., Göbel, A., y Taubner, S. (2022). Funcionamiento reflexivo parental y su asociación con las conductas de crianza: una revisión sistemática. Frontiers in Psychiatry, 12, 789127.

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Especialista en clínica psicoanalítica. Experiencia en el acompañamiento de procesos de ansiedad, depresión, duelo y crisis vitales. Interés en la articulación entre psicoanálisis y cultura contemporánea. Desarrollo de textos breves y reflexiones sobre subjetividad, vínculos y malestar psíquico.

Alicia Esquivel

Especialista en clínica psicoanalítica. Experiencia en el acompañamiento de procesos de ansiedad, depresión, duelo y crisis vitales. Interés en la articulación entre psicoanálisis y cultura contemporánea. Desarrollo de textos breves y reflexiones sobre subjetividad, vínculos y malestar psíquico.

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